Capítulo 5 · 1712 – hacia 1880
El vapor y la Revolución Industrial
Agua en la mina
Un alto balancín sube y baja junto al pozo inundado de una mina. En 1712 Thomas Newcomen construyó cerca de Dudley, en Inglaterra, una máquina para sacar agua de una mina de carbón. El vapor llenaba un cilindro y luego se enfriaba con un chorro de agua. El vapor se condensaba, y el peso del aire empujaba el pistón hacia abajo. Era una máquina lenta y voraz que quemaba enormes cantidades de carbón, pero las minas profundas no podían funcionar sin ella. El carbón era barato en la bocamina, así que a los dueños no les importaba. Conocemos estas máquinas por dibujos, cuentas y unas pocas máquinas conservadas.
Una idea más fresca
Aparece una máquina nueva, con una segunda cámara junto al cilindro, y su volante empieza a girar. Es el condensador separado de James Watt. Watt, un fabricante escocés de instrumentos, comprendió en la década de 1760 que calentar y enfriar el mismo cilindro desperdiciaba la mayor parte del calor. Su patente de 1769 permitía que el vapor se condensara en un recipiente aparte, de modo que el cilindro seguía caliente. Con el fabricante de Birmingham Matthew Boulton construyó máquinas que, según la cifra habitual, quemaban una cuarta parte del carbón que las de Newcomen. Más tarde unos engranajes convirtieron el vaivén del balancín en rotación, y así las máquinas pudieron mover la maquinaria de las fábricas. La unidad de potencia, el vatio, lleva su nombre.
El algodón y la fábrica
Filas de husos giran más deprisa, y un río mueve una gran rueda. En 1769 Richard Arkwright patentó la water frame, una máquina de hilar movida por agua, y en la década de 1770 su hilandería de Cromford inauguró un nuevo tipo de lugar de trabajo: la fábrica. Los trabajadores iban a las máquinas, y no las máquinas a los trabajadores, y las horas las marcaba el reloj. Las hilanderías de algodón de Lancashire pasaron más tarde al vapor. Gran Bretaña iba por delante, y a comienzos del siglo XIX los tejidos de algodón eran su principal exportación manufacturada. Los edificios de Cromford se conservan y forman parte de un sitio Patrimonio Mundial de la UNESCO, así que los visitantes pueden recorrer una de las primeras fábricas.
Ciudades de humo
Las chimeneas se multiplican, y un pueblo pequeño se hincha hasta ser una ciudad llena de humo. La gente se mudó del campo a ciudades textiles como Mánchester, que creció muchas veces en pocas décadas. Las fábricas abarataron los tejidos, las herramientas y otros bienes, y con el tiempo subieron los salarios y el nivel de vida. Pero la vida industrial temprana era dura. Las familias vivían hacinadas, sin agua limpia, el aire estaba cargado de humo de carbón y niños de seis o siete años ya trabajaban largas jornadas. Lo recogieron las investigaciones del gobierno y los escritos de Friedrich Engels y Charles Dickens. Leyes como la Ley de Fábricas de 1833 empezaron a limitar el trabajo de los niños.
El Rocket
Una pequeña locomotora de alta chimenea corre por una vía arrastrando un vagón. En octubre de 1829 las pruebas de Rainhill, cerca de Liverpool, pusieron a prueba locomotoras para un nuevo ferrocarril, y el Rocket, construido por Robert Stephenson con su padre George, ganó, alcanzando unos 48 kilómetros por hora. El ferrocarril de Liverpool a Mánchester se inauguró el 15 de septiembre de 1830 y transportó a sus pasajeros con horario fijo, con locomotoras de vapor que tiraban de los trenes. El día de la inauguración el político William Huskisson fue arrollado por el Rocket y murió, un recordatorio de que las máquinas nuevas traían peligros nuevos. Los ferrocarriles acortaron las distancias, trajeron a Gran Bretaña la hora uniforme del reloj y pronto se extendieron por el mundo.
Cables y luz
Puntos y rayas corren por un cable entre dos ciudades, y luego se enciende una bombilla de cristal. En 1844 Samuel Morse envió por telégrafo el mensaje «¿Qué ha hecho Dios?» de Washington a Baltimore, y las noticias empezaron a viajar más deprisa que cualquier caballo. Hacia 1879 y 1880 el químico inglés Joseph Swan y el inventor estadounidense Thomas Edison hicieron cada uno lámparas eléctricas prácticas, con un filamento incandescente dentro de una bombilla de cristal. Muchos otros inventores lo habían intentado antes. Pronto llegaron las centrales eléctricas. La industria alimentada con carbón creó una gran riqueza y también el dióxido de carbono que hoy calienta nuestro clima, y por eso los historiadores vinculan esta época con la nuestra.
En cifras
- 1769
- patente de Watt; water frame de Arkwright
- 1830
- abre el ferrocarril Liverpool–Mánchester
- 1844
- el mensaje telegráfico de Morse